Apuntes poeticos

Laberinto
necesito tanto del silencio
de la sincronía del tiempo
roce de almas
hojas secas
bendíceme naturaleza
porque estoy clavado
en el madero de mi mismo
en el esqueleto mortal
que me sostiene
la lluvia ya humedece
los clavos de mi instinto
¡Oh, belleza del mar,
del sol, del universo!
las nubes se burlan
de mis huesos
de mi abismo
pues desnudo
no se amar
La sangre rota
derrama
sobre el único vestido
de la bailarina
la lúgubre escena
En la cerrada noche
la muerte espera
en la oscuridad
La sangre rota
viaja
saltan los grillos
corren las hormigas
en los iluminados labios
En una hermosa risa
la vida gira
en la profundidad
Mi soledad extrema fue la única testigo
atormentado por el viento recio y su bravura
entre el pico y los efectos graves de la altura
me tragó la grieta oculta del agónico camino
En este solitario glaciar de mi destino
y en este alvino invierno, eres tú la Luna
la que calmas con tu manto mi amargura
para darme una esperanza en mi delirio
Sepultado y preso en esta gélida morada
un claro de luz en mi pecho has despertado
un corazón puro, un corazón de cristal
Inevitable silencio en esta voluntad madura
que me conduce escalando a las alturas
al sueño alpino del hombre mortal
Poseído encanto
En esta noche solo y callado,
en la tapia la ventana abierta me domina
descubriendo la respiración de la avenida
Gente vaga, gente detenida, gente distraída
en la ocupada acera de la vida.
Opacas luces de neon en las cortinas
la oscuridad doblada en las nubes descocidas
la lluvia avanza abatiendo las cornisas
que se bifurca entre las luces de la vía.
Los atanores despiertan de su espera
sacando su lengua de agua turbia y cristalina
prolongando el desgaste en la caída.
En un árbol Driada la ninfa
vestida de dulzura clandestina
me esperaba ansiosa y encendida.
Poseído de su encanto
en esta noche tibia
no concibo ya estar solo
y salgo a la llovizna.
Perlas
Colgadas de la piel estremecida
sujetadas al arete de oro puro
en los lóbulos testigos se mecían
dos perlas soportando el día de luto
Las lagrimas saladas descendieron
de las líneas de los ojos de la viuda
enterrada despedida confundieron
a las gotas con el vino de la lluvia
Las piedras encarnadas en el alma
sepultadas las ostras de la mente
arrastraban el pellejo de su calma
al arrecife interno de la muerte
Súbitas mareas danzaban sin reposo
olas entrañables eran los recuerdos
imágenes de arena del esposo
golpeaban en su noche los cangrejos
New York
Donde los seres nunca se enterraron
a lo largo de la acera amontonadas
en la calle de las animas aglomeradas
las flores de dolor se marchitaron
angustiadas sombras vagan diligentes
en la derrumbada presencia del pasillo
al ver las flores desmayadas en el frío
se detienen a llorar su propia muerte
sufren por los vivos condenados
a entregar las flores enfermizas
en memoria de sus cuerpos enterrados
en el viento, en el agua, en la ceniza.
Siento ganas de saberte
de creer que me recuerdas
inclinando mis cadenas
en saciar volver a verte
Siento rabia de tu infancia
olvidar que tu me amas
intentando voltear ganas
y encontrar solo distancia
Siento celos de estar vivo
de clavar mas intenciones
con las solas emociones
en el pecho de mi instinto
Siento rocas en mi fuerza
de lograr tormentos finos
en tu cuerpo distraído
con los nudos de una cuerda
siento labios en los míos
arrancar tu boca inerme
en tu voz sembrar silente
una cama para el frió
siento pasos en mi pecho
dividiendo dos abismos
en la voz del laberinto
apareces en mi lecho
Soy un viejo Ruiseñor
recojo de todas las cenizas la poesía
que dejan en las ruedas los reflejos
van subiendo la escalera de la prisa
enfermos por la vida del espejo
una sombra mortecina ocupa el suelo
desde este amanecer casi grisáceo
veo abrirse delirante como un huevo
estrellando suavemente en el espacio
descubro aves enjauladas en un manto
hinchadas como hojas por la brisa
los colores mudos de su encanto
que se clavan lentamente en mi sonrisa
durmiendo en las ramas del deseo
entrego a la luz todas mis horas
solo abro mis ardientes besos
y mis ojos casi secos a la aurora
ahí, soñando colgado en la quimera
desdoblando como puerta una canción
se acerca acariciándome severa
la voz primera de un joven ruiseñor.
provocar a una escalera
descubrir en sus caderas las alturas
internarme en su muro como hiedra
solo intento
descolgar mis manos frías
aferradas invencibles a mi sexo
desplomarme en los tormentos de la dicha
solo intento
encontrando la campana de mi cuerpo
descubrir en mis entrañas la alegría
los secretos escondidos de un insecto
solo intento
solo queda
solo la memoria de tu casa abandonada
el polvo acumulado del vació
muebles ocupados por las sombras
con ausencia desmedida del pasado
solo queda
solo árboles patéticos y nidos escondidos
soplan viento leve en las cortinas
la ventana sufre el frió en la garganta
por el áspero jardín de las infancias
solo queda
solo el vació intenso de las formas
en los ecos angustiantes de su encanto
melancólicos pasillos sin respuesta
que conducen al la alcoba del espanto
solo queda
solo intrusos gatos clandestinos
reina el miedo de los niños indiscretos
la siniestra luz entrometida se incomoda
al olor abandonado de los nardos
solo queda
solo libros ignorados al horario
puertas ansiosas por tus pasos
eco de una cama anónima que duerme
para no sentir el peso intenso del cansancio
voz delicada
no es una herida del viento
sino un eco de mil ecos escondidos
sonido tan agudo
que es un cántico mudo
el rumor de los reflejos
sonando sin decir
despierta el alma
con vibraciones suaves y pre-hispanas
callada sube los peldaños
escucho sus zapatos en la montaña dormida
suspirando en el agua rápida y desnuda
se da prisa la melodía claro obscura
penetrando las ventanas de la cara
hilo de tren en el ojo de la aguja
vuelo tenue del cóndor extinguido
viajan sus calladas notas
hacia el mar de los exilios
baja perfumada de silencio
hasta el sordo movimiento
de los labios de las flores
suben golondrinas libres
a los riscos escarpados de la sangre
donde sueltan la armonía
en los sueños olvidados
¿hacia donde se dirige
la peregrina y delicada voz?
llevándose consigo los pétalos
politonales del estruendo
Si tan solo pudiera
encontrar una salida
un atajo en esta vida
sin volverse una obsesión
Si tan solo supiera
describir con una línea
la caricia matutina
sin buscar una razón
Si tan solo quisiera
destruir el lastre de la ira
olvidando mis heridas
sin volverme camaleón
Si tan solo consiguiera
detener de tus mejillas
esas lagrimas sanguíneas
sin dañar tu corazón
Si tan solo permitiera
contener en mis pupilas
esas frases escondidas
sin sentir tanto dolor
En espera de la Luna
Espero solitario en mi automóvil
la tarde comienza callando el día
cubierto por espinas del invierno inmóvil
Las aves acomodan en sus ramas la fatiga
el tiempo empuja todo hacia el pasado
como sombra que se duerme en un espejo
golpeando mi reloj de acero cada rato
veo la luz mas débil a lo lejos
todo camina
nada tiene prisa
¡oh, interrumpible movimiento!
la noche nace
las piedras gritan
la sangre corre
el día termina
muere la espera
la Luna brilla
Escribo soportando el peso de la insomnia
la sangre prematura salta a la alegría
de la lengua diminuta
gira la gloria en el suelo derribado
cargo el humo en los pasillos
de ese fuego del armario
saco delicadas sombras
de olorosos ríos
substancias peligrosas
en los brazos
recónditas estrellas
de fragancias exquisitas
pensativo alzo al río
con la fuerza de una lanza
suspendido en telarañas
del creador de las semillas
la hiedra bebe arrancándome la copa
de insaciable compañía
como cera consumida de una vela
que perdura hasta la aurora
de la espesa levedad
¡ ESPERADA FIEBRE CEGADORA
VOLTEA LA CARA,
ÁBREME LA PIEL HASTA LA BOCA!
Renuncio a la ciencia del hastió
aterrado en el silencio de una Rosa
desnudándose ella sola
escribo, con el impulso del pez de los suspiros.
¿Quien toca?
La puerta de la bruma
yo no sé si es la Luna
la que insiste con crueldad
En el velo de la duda
encerrado en la hermosura
de la amiga realidad
¿Quien toca?
Tu presencia, tu figura
el oblivion y la locura
cuando esquivo la verdad
De mis ojos, como uvas
brotan lagrimas ocultas
por mi incierta soledad
¿Quien toca?
Esas odas con ternura
por las calles tan obscuras
con la lira de la edad
Claramente es una Musa
que me llama y se desnuda
en la voz de la ciudad
Flores de seda
burlan a la muerte
dichosas
imitan a la vida
caprichosas
sin espinas
ni agonía
secas palidecen
vanidosas
jamás dan
nunca piden
ni agua
ni aroma
a la naturaleza
cínicas sonríen
al tiempo ignoran
amarga ausencia
busque la firmeza de tu ser en otros seres
tu fiel sonrisa en otros labios
el refugio de tu corazón en otros besos
encontré solo días flácidos
en corazones faltos de latidos
en ásperos saludos
busque tu meliflua voz en otras
bocas clandestinas
canciones de tu voz en herejías
encontré solo mentiras escondidas
en palabras dulces
en ruidos en la risa de desconocidos
que me asaltan que me obligan
amarga ausencia que me abriga
un recuerdo matutino
de tus dientes blancos
de tus uñas transparentes
No sé
cuantos pétalos
tiene el Lirio
de laberintos secretos
diminuta barca incierta
esperanza deslizada
sobre la corriente
donde viaja el agua,
calidas formas de la flor
No sé
cuantas hojas
tiene un Lirio
de complicadas luces blancas
melodía marina
fragilidad infame
casi humana, casi mía
sueño suspendido en el color
No sé
cuanto perfume
guarda el lirio
en sus entrañas escondidas
canto distraído, cuando
danza la sabiduría
en la acuática
vereda del amor
Playa
Devolví
mi corazón enorme
de latidos
sangre de río
suspiro de suspiros
Envolví
en mis manos tercas
de avaricia
dedos de caricia
delicia de delicias
Descubrí
en la olas de tu cuerpo
la ternura
a mar y a espuma
dulzura de dulzura
Cubrí
con una playa
a mis rivales
amor de las edades
sol y soledades
Saguaros
Seco el amanecer
se planta
rayado rosado el cielo
curvas que el viento forma
en las colinas
en la dunas
del yermo
Las espinas tragan luz por donde quiera
calor que enferma al amor
sangre fría en el movimiento
Donde no existe el llanto
el Sol domina el paisaje
Los saguaros imponentes
en su letal vergel de encanto
altos
robustos
falicos
taciturnos
no saben de caricias
ni de abrazos
erguidos
respetables
ciudadanos de l desierto
Besos
Me desperté con ganas de saberte
sentimiento lento, urbano, viril
a plena luz cocinaba quererte
en sabanas blancas puestas de mandil
Esplendida y tibia te veía inerte
colgada como fruta de un abril
cerré la boca para no comerte
un sincero cambio lento y sutil
Tus labios largos rosas me decían
como si tuvieran ganas de cantar
la canción color aurora, sonreían
Como dos animales listos a saltar
sobre mis labios suaves cuando tenían
los mismos impulsos altos al besar
camino
entré a las andadas calles de la vida
por la niebla blanca
por lo negro de la noche que respiro
camino
errante con una espada de acero fino
con escudo de sol en este exilio
camino
desenterrando las ideas doradas
con cada paso
sepulto los minutos de la espera
camino
desechando los aromas graves
del delirio
que el mundo viste
de dulzura desmedida
camino
siguiendo la ruta estrecha
de la vida humana
brecha desgastada por los presos
aferrados a las barras
camino en el canto
veo correr los animales
a los ríos
a las horas de la vida corta
camino
erguido
siguiendo el acto supremo del humano
¡el caminar!
aferrado a las barras de hierro y su destino
Sueño
Me acosté leyendo a Ovidio
los sueños me aplastaron
como a Proust en su delirio
La inútil fuerza de mis manos
se atoro en tus formas clandestinas
(de inmediato)
corte las crudas emociones
cambie las ganas desmedidas
Me limité a verte el rostro,
tomé tu plateada cintura
para darte un beso puro
como gesto de mi cordura
La luz abrió mis ojos
desperté recordando el sueño
¿Por qué no te hice mía?
¡al carajo el caballero!
Veo sobre líneas negras aves
soportando el peso del mundo
desde el balcón mas profundo
estoy bebiendo agua suave
Cruzando la calle, jardines
una capilla, pinos y limones
en un panteón sin cruces
jazmines saludan a los aviones
Llueve sobre mis ojos serenos
de mi alma que no se decide
no hay relámpagos ni truenos
en la tormenta que no se despide
espíritu
una flor delicada desciende
como caricia tibia de otoño
entre mis oídos
entre mis brazos
entre mis ojos
sublime canto en el pecho
como de viento
como de agua
como de fuego lento
como de beso amigo
dulce abrazo infinito
que calma los latidos
es un bálsamo
un suspiro
un abrigo al corazón
no te atrevas
no te vayas
no te alejes
el sol abultado
en una esquina
las golondrinas
disparaban sus cenizas de horror
por la avenida
mientras la llovizna tibia
los robles
me seguían
durmientes
perros
sombras
en las vías
se abarataron mis pasos
con una mirada torrente
a la estación
vagones huecos
arroyos negros
colores sucios
olores naturales
a noche y acero
tirada la escalera
cruce la luz del medio día
reconocí mis huellas finas
sin resbalar logre pasar
gracias a Luna entera
Baño
En sueño de vapor descanso errante
mi cuerpo sucio se cubre de calor
el baño se apresura lentamente
en la neblina tibia y el pudor
La luna del espejo desfallece
la bruma pura es nube presa
flotando en las burbujas transparentes
altar de cuarzo donde nada pesa
La luz se arrastra como la serpiente
sobre el cristal opaco y difuso
donde la espuma es nieve ardiente
largo velo en mi cuerpo mudo
Caricias del agua con fuerza reverente
en los brazos, las piernas, el pecho
lavando el sabor de la carne y la mente
en la espalda, las manos y el sexo
Suavizo las heridas de la muerte
con un liquido raro, un perfume puro
despierto a la esponja de mi vientre
cortándome las venas de este mundo
Guanábana
Colgada entraña
truculenta nube verde
se agacha de la rama
la nodriza corpulenta
dulzura láctea
cántaro profuso
de límpida jalea
y semillas negras
subterráneos lepidópteros
degluten desolados
la pulpa aguanosa
de su pecho gigantesco
venosa suculencia
empapada carne de lactosa
en los líquidos labiales
descargada anona
botánica espesura
temblorosa esponja
que acaricias a la bestia
de la hambruna
Soy tierra de otoño claro
vagando en colorido invierno
buscando en un sueño raro
los cansancios sempiternos
Soy hoja que cae lentamente
descendiendo al cuerpo desnudo
hacia la suavidad diligente
decorada de mil mundos
Soy ave cubierta de aceite
fugando largos quejidos
con silueta de serpiente
llamando a vuelos prohibidos
Soy silencio en la caricia
de un eco solo y desatado
en la cavidad de delicias
con semblante erosionado
Soy palabra sucia a la deriva
veneno en labios puros
roca blanda que derriba
con besos largos el muro
Anclado en el oleaje inexplicable
desgraciado desperté casi soñando
derribado entre las sabanas y cardos
por el desvió de tu ser impenetrable
Poseído freno en la mente inalcanzable
aplicaste argollas con un sólido candado
dormido Trueno en mi costado relegado
es tu indiferencia un estupor incalculable
Olvidado en el desierto azul del pensamiento
me detengo a contemplar su viva ausencia
mi Némesis en un silencio inquebrantable
No entiendo la fiereza de tu descontento
¿Es la sensibilidad de la femenina esencia
o es nuestro anatema de pasión irreparable?
Hay manos muertas
y manos vivas
Hay manos calladas
y manos asesinas
Hay manos entregadas
y manos frías
Hay manos amadas
y manos mías
otras arrancan
otras lastiman
otras reposan
otras acarician
otras amargan
otras dominan
Hay manos que entregan
Hay otras que suplican
Lluvia
Tu carta desenterró
raíces húmedas
arterias enrojecidas
hondas
frescas
vivas
ni sol
ni viento
ni luna
sangre escondida
ni hojas
ni ramas
ni frutas
solo raíces
profundas
Desde allá
el viento lento acaricia
tus cabellos largos
desde allá tus labios
entre abiertos
me hablan en silencio
lejos la golondrina
de tus cejas
me contempla
el pensamiento
¡Oh, tu sonrisa excelsa!
no se que hacer
a lo lejos
desde allá
en la distancia
puedo sentir cuando
suspiras
Llamada letra A
Dorado aleph en llamas
adoras cuando llamas
a la veladora
ve la llamadora vela
dorada llama da
la vela adorada llama
por el que vela
adora
llama
da
ve
la
do
ra
da
llama
ve
la
a
do
ra
da
A
en
tu
nombre
Viridiana
Pesadilla
Para el ojo la noche es una sombra exagerada
el silencio del dia se mordió las uñas, olvido
recargo mi oído entre tu brazo hincado
y tu seno erguido
bajo los parpados a la velocidad de un abanico
de una muñeca débil
atento, concentrado en el cronometro
de tu sangre apresurada
un tambor andino es tu corazón
moviéndose en la profundidad de tu cuerpo
abandonado por la luz de la palabra
mientras la ceguera en la oscuridad reposa
el pánico acecha escondido en el sol del sueño
piedras contra fierro seco
cascos de un caballo gris
vuelan piedras de papel dorado
en el aullido recto del tren en movimiento
que se aleja decidido
abro las cortinas lentas al color del pensamiento
volteo, veo tu brazo aun dormido
en tus dedos sonámbulos
las uñas largas de tus manos
giro
se abren los siglos
de tu rostro mordiéndome los ojos
liberando el miedo espeso en mis pupilas
en esta mañana negra
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